Personas sin hogar y drogas: respuestas sanitarias y sociales

Introducción

Esta miniguía forma parte de un conjunto más amplio que, combinado, constituye las Respuestas sanitarias y sociales a los problemas relacionados con las drogas: una guía europea. Se ofrece una visión global de los aspectos más importantes a tener en cuenta a la hora de planificar o proporcionar respuestas sanitarias y sociales para las personas sin hogar y que consumen drogas, y examina las respuestas disponibles y su eficacia. También tiene en cuenta las implicaciones para las prácticas y las políticas.

Última modificación: 8 de diciembre de 2022.

portada de la miniguía situación de carencia de hogar y drogas: respuestas sanitarias y sociales

Contenido:

Resumen

Cuestiones clave

Las personas sin hogar se consideran una forma intensa de exclusión social. Afecta negativamente a la salud física y mental, a la calidad de vida y al acceso al empleo y a otros servicios económicos, sociales y sanitarios. Sin embargo, existen grandes diferencias a la hora de definir lo que constituye una situación de carencia de hogar. Esto ha planteado una serie de retos, como la evaluación de la prevalencia de las personas sin hogar y la comparación de tales evaluaciones dentro de los países y entre ellos. En general, las personas sin hogar son aquellas que carecen de una vivienda estable, permanente y aceptable, o aquellas que carecen de la perspectiva, los medios y la capacidad para adquirirla. En estas condiciones, las personas que consumen drogas se enfrentan a riesgos para la salud social, mental y física interrelacionados que aumentan significativamente su morbilidad y mortalidad.

La relación entre el problema de las personas sin hogar y el consumo de drogas es compleja, con marcadas variaciones en la prevalencia del consumo de drogas de alto riesgo entre los grupos de personas que padecen este tipo de situación. Por ejemplo, existe una clara interrelación entre la carencia de hogar y el consumo de drogas de alto riesgo entre los dos grupos diferenciados de personas sin hogar a largo plazo (crónico) y recurrente (episódico). Por el contrario, el consumo de drogas de alto riesgo entre las personas sin hogar de corta duración o de transición no parece ser mayor que entre la población general. Es importante señalar que el consumo de drogas y las personas sin hogar están interrelacionados en dos direcciones: pueden estar contribuyendo mutuamente a sus causas y consecuencias.

Falta información sobre algunos grupos de personas sin hogar, como las mujeres, los jóvenes, los niños, los refugiados y los migrantes, especialmente en lo que se refiere a las pautas de consumo de sustancias. En consecuencia, algunos de estos grupos pueden estar infrarrepresentados en la recogida de datos sobre las personas sin hogar y los servicios existentes pueden no tenerlos en cuenta.

Pruebas y respuestas

En general, en Europa no se han aplicado normas ni un conjunto de respuestas consensuadas para las personas sin hogar y que consumen drogas. Este grupo suele utilizar servicios genéricos de atención a las personas sin hogar de bajo umbral y servicios de drogodependencia, donde pueden constituir una gran proporción de todos los usuarios de los servicios. Estos servicios pueden incluir sala de venopunción, tratamiento con agonistas opioides, programas de intercambio de jeringuillas y clínicas móviles. Las medidas eficaces para apoyar a las personas sin hogar y que consumen drogas son complicadas debido a la falta de un lugar de residencia establecido. Este grupo se enfrenta a menudo a importantes obstáculos para acceder a la atención sanitaria, el tratamiento de las drogodependencias y los servicios sociales.

Los principios rectores de unos servicios de drogodependencia eficaces para las personas sin hogar suelen centrarse en la vivienda estable, la reducción de daños y las estrategias integradas. La vivienda estable se considera a menudo un componente fundamental del tratamiento y la integración social, ya que expulsar a las personas del tratamiento a un entorno en el que se enfrentan a la carencia de vivienda, o proporcionar tratamiento sin vivienda, puede causar más daños. La mejor manera de reducir los daños para las personas sin hogar y que consumen drogas es prestar servicios de bajo umbral y cuando el acceso es rápido, fácil y adaptado a las necesidades de los clientes. Las estrategias integradas van más allá de las intervenciones de un solo modelo, como un centro clínico que solo ofrece una determinada forma de tratamiento. En su lugar, forman una red de apoyo interrelacionado mediante la conexión de varios servicios (p. ej., vivienda, tratamiento de drogodependencias y servicios psicosociales, entre otros) en función de las necesidades del cliente.

Perspectiva europea

Si bien se calcula que unas 700 000 personas se enfrentaron a este fenómeno en toda Europa antes de la pandemia de COVID-19, su naturaleza varía en todo el continente, ya que las actitudes culturales, el estigma y la diversidad de la prestación de servicios influyen en lo que significa vivir sin hogar y en los servicios a los que se puede acceder. Cuando existen servicios para las personas sin hogar, el sector y los servicios que se ofrecen en su seno varían considerablemente. Dado que a menudo no se recopilan ni analizan datos a nivel nacional, no existe una imagen clara y completa de la prestación de servicios para las personas sin hogar en general, y a los consumidores de drogas en particular, en la Unión Europea (UE) ni en cada uno de los Estados miembros.

A nivel de la UE, el Parlamento Europeo ha pedido que se ponga fin a la situación de carencia de hogar en 2030, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. A nivel de los Estados miembros, muchos países europeos incluyen a las personas sin hogar en sus planes de acción nacionales en materia de política de drogas. Algunos países incluyen la prestación de servicios específicos para este grupo de personas en sus marcos nacionales, mientras que otros responden a las necesidades de este grupo utilizando los servicios sociales, sanitarios y de adicción convencionales. Si bien la prestación de servicios para subgrupos específicos de personas sin hogar y que consumen drogas, como jóvenes, niños, mujeres y migrantes, no parece estar generalizada, existen excepciones en algunos países.

La COVID-19 ha planteado importantes cuestiones sobre el funcionamiento de los servicios para las personas sin hogar en el futuro. Si bien la COVID-19 ha puesto de manifiesto muchas vulnerabilidades en la prestación de servicios sanitarios y sociales, en algunos países europeos la respuesta a la pandemia ha dado lugar a avances positivos para las personas sin hogar. En algunos países, el acceso a la vivienda ha mejorado, se ha ampliado el acceso a las medidas de reducción de daños y se han suavizado algunas restricciones relativas al tratamiento de las drogodependencias.

Cuestiones clave relacionadas con las personas sin hogar y el consumo de drogas

Las personas sin hogar constituyen un grupo heterogéneo de personas, pero todas suelen vivir en condiciones en las que se enfrentan a una serie de riesgos para la salud social, mental y física que pueden aumentar significativamente la morbilidad y la mortalidad. Su situación socioeconómica también puede hacerles especialmente vulnerables a padecer problemas de salud, un factor agravado por los obstáculos a los que a menudo se enfrentan para acceder a la atención sanitaria. En este contexto general, el consumo de drogas entre algunos grupos de personas sin hogar puede ser extremadamente arriesgado.

La situación de carencia de hogar puede definirse de varias maneras. Esto puede dificultar la vigilancia del consumo de drogas entre las personas que sufren esta forma de exclusión social.

El marco de la tipología europea de las personas sin hogar (ETHOS) es útil en este sentido. Propone cuatro categorías de personas sin hogar y de exclusión en materia de vivienda, a saber:

  • sin techo (p. ej., personas que viven en la calle o en un refugio nocturno);
  • sin vivienda (p. ej., personas que viven en alojamientos para personas sin hogar);
  • viviendas inseguras (p. ej., personas que viven bajo amenaza de violencia o desahucio);
  • vivienda inadecuada (p. ej., personas que viven en condiciones de hacinamiento extremas).

Consumo de drogas de alto riesgo y problemas de salud mental coexistentes

La situación de carencia de hogar puede deberse a una combinación de factores estructurales, fallos del sistema y circunstancias individuales. La dependencia y otros problemas asociados con el consumo de sustancias y los problemas de salud mental son dos problemas comunes para esta población, junto con otros retos sanitarios y sociales. La relación entre la carencia de hogar y el consumo de drogas de alto riesgo es compleja. El consumo de drogas de alto riesgo puede aumentar el riesgo de personas sin hogar, pero también puede ser provocado y agravado como consecuencia de no tener un hogar. Las relaciones con el consumo de drogas de alto riesgo parecen ser más sistemáticas entre determinados grupos, en particular los que experimentan una situación de carencia de hogar a largo plazo (crónico) y recurrente (episódico). El consumo de sustancias entre subgrupos específicos de la población sin hogar, como los jóvenes, las mujeres, los refugiados y los migrantes, sigue estando poco estudiado.

Los problemas de salud mental se observan habitualmente entre las personas sin hogar, con indicios de que cuanto más grave es el nivel de carencia de hogar —por ejemplo, entre las personas que padecen una carencia de hogar recurrente y a largo plazo—, más bajo es el nivel de salud mental. Al igual que ocurre con el consumo de drogas de alto riesgo, la dirección de la causalidad no está clara. Algunos estudios indican que los problemas de salud mental pueden aumentar el riesgo de personas sin hogar, mientras que otros indican que estas personas pueden aumentar el riesgo de sufrir problemas de salud mental. También es probable que el alcance de los sistemas de bienestar locales y nacionales desempeñe un papel importante. En general, las personas sin hogar y que padecen enfermedades mentales se encuentran entre las personas más estigmatizadas de la sociedad, lo cual se agrava si también consumen drogas. El estigma es una barrera importante para que estos grupos accedan a los servicios sanitarios.

Personas sin hogar de larga duración y recurrentes

Las personas que sufren episodios recurrentes o de larga duración de carencia de hogar —y que sufren altos niveles de consumo de drogas de alto riesgo y enfermedades mentales graves— son un importante foco de atención de las intervenciones en muchos países. Pueden sufrir largos periodos de carencia de hogar en la calle o estancias prolongadas en refugios de emergencia. Estos grupos también tienden a caracterizarse por el desempleo de larga duración y las elevadas tasas de contacto con el sistema de justicia penal. Entre estos grupos, parece existir una relación de «refuerzo mutuo» entre la carencia de hogar, el consumo de drogas de alto riesgo, las enfermedades mentales graves y una salud física deficiente.

Se cree que las personas sin hogar de larga duración y recurrentes representan en torno al 20 % de todas las personas sin hogar. Estos grupos han sido objeto de numerosas investigaciones, en particular sobre las relaciones entre la carencia de hogar y el consumo de drogas de alto riesgo.

Personas sin hogar de corta duración

Las experiencias a corto plazo de personas sin hogar, a veces denominadas «personas sin hogar transitorio», no suelen estar asociadas a un consumo de drogas de alto riesgo. Si bien la base de investigación europea tiene limitaciones significativas, los datos disponibles indican que, si la carencia de hogar se debe principalmente a factores económicos y sociales y la persona es capaz de salir por sí misma de la situación de carencia de hogar, el consumo de drogas de alto riesgo no está presente en un porcentaje superior al de la población general. Sin embargo, la interrelación de los problemas de salud, sociales, mentales y físicos a los que están expuestas las personas sin hogar puede exacerbar los riesgos asociados al consumo problemático de drogas.

Mujeres y personas sin hogar

El género se ha asociado sistemáticamente a trayectorias diferenciadas de las personas sin hogar. Entre las mujeres, las personas sin hogar de larga duración y recurrentes pueden incluir estancias múltiples o prolongadas con amigos, parientes y conocidos, así como desplazamientos entre modalidades de vida precarias. En consecuencia, las mujeres sin hogar pueden estar infrarrepresentadas en la recogida de datos y la investigación, ya que, por lo general, recurren menos a los servicios para personas sin hogar y es menos probable que duerman en la calle.

Es probable que las mujeres que padecen una carencia de hogar prolongada y recurrente tengan necesidades diferentes a los hombres. Por ejemplo, pueden necesitar cuidados adaptados a las necesidades de cada sexo y basados en traumas, debido a experiencias de violencia doméstica y de género. Además, es posible que se enfrenten a una mayor vulnerabilidad ante la violencia y a la explotación durante la situación de carencia de hogar. Por ejemplo, pueden estar viviendo en una vivienda insegura como consecuencia de relaciones abusivas. Sin embargo, debido a los altos niveles de estigma y a la falta de servicios con una metodología basada en el género, es posible que tengan menos probabilidades de buscar ayuda.

Las pautas de consumo de drogas de las mujeres durante la situación de carencia de hogar pueden ser diferentes a aquellas de los hombres. Por ejemplo, las mujeres pueden tener más probabilidades de iniciar el consumo de heroína a una edad más temprana, de inyectársela y de ser introducidas en la droga por una pareja sexual. El trauma y la violencia de género también pueden ser factores que contribuyan al consumo de drogas de alto riesgo. En este sentido, las intervenciones eficaces en relación con el problema de las personas sin hogar y el consumo de drogas podrían tener que adoptar un enfoque de género. En particular, parece que faltan servicios solo para mujeres en el caso de personas sin hogar que consumen drogas. Se ha indicado que las mujeres a veces no tienen más opción que acceder a servicios en los que pueden sentirse vulnerables e inseguras (véase Mujeres y drogas: respuestas sanitarias y sociales).

Pruebas y respuestas a los problemas relacionados con las drogas para las personas sin hogar

Los retos que plantean las respuestas eficaces para apoyar a las personas sin hogar y que consumen drogas se centran en la ausencia de un lugar fijo en el que vivir. Esto dificulta la consecución de mejores resultados sanitarios y sociales, así como la reducción de los daños. La inestabilidad, la inseguridad, los traslados no deseados, la exposición a múltiples fuentes de riesgo y estrés, las necesidades de tratamiento de salud física y mental no diagnosticadas y no satisfechas y, simplemente, la falta de un lugar seguro, asentado y adecuado para dormir plantean dificultades para dar respuestas eficaces a este grupo.

Es posible que algunos servicios de tratamiento de drogodependencias no trabajen con personas sin hogar o con enfermedades mentales graves y que algunos servicios de salud mental no trabajen con personas que consumen drogas de alto riesgo. Esto puede crear barreras adicionales a los servicios generales de salud y tratamiento de drogodependencias para las personas sin hogar y que consumen drogas. Por ejemplo, algunos servicios de tratamiento pueden exigir que los nuevos pacientes tengan una dirección fija o permanente antes de iniciar el tratamiento.  El acceso a la vivienda también puede ser difícil para las personas que consumen drogas, ya que, por ejemplo, algunas respuestas temporales en relación con la vivienda no permiten el consumo «in situ» y pueden no aceptar a las personas cuando están intoxicadas.

En Europa, no se ha implantado un conjunto estándar de respuestas para las personas sin hogar y que consumen drogas. Los servicios para personas sin hogar pueden trabajar en coordinación con los sistemas generales de atención sanitaria y social. También puede existir una prestación por separado de servicios de adicción, salud mental y otros servicios sanitarios para personas que viven en la calle y en refugios de emergencia, la cual puede ser financiada por el Estado, organizaciones benéficas o ambos. Las respuestas pueden estar relativamente coordinadas, pero también es posible que no haya ninguna prestación de servicios específica. En general, los servicios para personas sin hogar son mucho más diversos, incoherentes y están sujetos a variaciones extremas en el nivel de recursos que tienen disponibles en comparación con otros servicios sanitarios y sociales.

Por lo general, faltan servicios dirigidos específicamente a las personas sin hogar y que consumen drogas. En consecuencia, estas personas suelen recurrir a otros servicios para personas sin hogar o de drogodependencia de bajo umbral. A veces, constituyen una gran parte de todos los clientes de los servicios dirigidos a los grupos marginados y más vulnerables de personas que consumen drogas, como las sala de venopunción, las clínicas móviles de reducción de daños y los programas de intercambio de jeringuillas. A menudo, estos servicios tienen características específicas orientadas a las necesidades de las personas sin hogar. Por ejemplo, las sala de venopunción pueden proporcionar alimentos, acceso a duchas, armarios y ropa, y estar vinculadas a refugios que proporcionan alojamiento durante la noche. En términos más generales, también pueden facilitar la derivación a programas de bienestar social y otros programas de tratamiento, algunos de los cuales pueden estar dirigidos a personas sin hogar.

Principios rectores para una prestación de servicios eficaz

Las personas que se dedican a responder a las necesidades de esta población suelen mencionar tres principios rectores clave para lograr unos servicios de drogodependencia eficaces para las personas sin hogar. Los principios son una vivienda estable, la prestación de servicios de reducción de daños y la aplicación de estrategias integradas.

Vivienda estable

La vivienda estable se considera un componente fundamental de la respuesta a la situación de carencia de hogar. El comportamiento de riesgo suele estar relacionada con la inestabilidad de la vivienda, con mayores niveles de riesgo y daños sufridos por las personas que duermen en la calle y las que se encuentran en alojamientos de emergencia. Finalizar el tratamiento en un entorno en el que las personas se enfrentan a la falta de vivienda, o proporcionar tratamiento sin alojamiento, puede provocar más daños. Por ello, a menudo se considera que la vivienda es la primera respuesta, junto con una combinación integral de apoyo para garantizar que se satisfacen las necesidades individuales y se facilita la reintegración en la sociedad.

Housing First es un ejemplo de servicio que proporciona vivienda como primera respuesta a la situación de carencia de hogar en varios países europeos. Proporciona una combinación integral de apoyo para garantizar que se satisfacen las necesidades únicas de los clientes y promover la reintegración en la sociedad. Funciona como una red de apoyo interrelacionado. La naturaleza y el alcance del apoyo en Housing First se estructura en torno a las necesidades y preferencias expresadas por cada cliente, y se basa en los principios de reducción de daños.

Housing First está diseñado para personas sin hogar con necesidades elevadas y complejas, incluidas aquellas con un consumo de drogas de alto riesgo, enfermedades mentales graves y trastornos psiquiátricos. Algunos de los servicios de Housing First solo trabajan con personas con diagnóstico psiquiátrico. Dentro de este servicio, el consumo de sustancias no representa un obstáculo para la vivienda, ni la permanencia en la vivienda está vinculada al cese del consumo de drogas o alcohol.

En dos grandes ensayos de control aleatorizados en Francia y Canadá, así como en las evaluaciones de programas individuales en toda Europa, los servicios de Housing First han demostrado ser prometedores a la hora de acabar con la situación de carencia de hogar para personas con necesidades elevadas y complejas. Los resultados relacionados con la reducción del consumo de drogas de alto riesgo varían más, aunque se han notificado algunos resultados positivos.

Reducción de daños

La reducción de daños es un componente esencial en la prestación de servicios a las personas sin hogar. La prestación de servicios de reducción de daños a estos grupos suele ser la mejor opción en los servicios de bajo umbral, donde el acceso es rápido, fácil y está adaptado a las necesidades de los clientes. Los servicios pueden incluir programas de intercambio de jeringuillas, sala de venopunción, clínicas móviles y acceso al tratamiento farmacológico para los trastornos por consumo de sustancias, como el tratamiento con agonistas opioides (TAO), y el suministro de naloxona para revertir la depresión respiratoria causada por sobredosis de opioides.

Algunos de estos servicios de bajo umbral, en particular las sala de venopunción y las clínicas móviles, pueden tener ya una gran proporción de clientes sin hogar. Varios estudios han demostrado que la reducción de los daños puede ser eficaz para mejorar la salud y el bienestar de las personas que consumen drogas y experimentan una situación de carencia de hogar. La participación de homólogos también puede mejorar el compromiso con este tipo de servicios.

Servicios integrados

Las estrategias integradas van más allá de las intervenciones de un solo modelo, como un centro clínico que solo ofrece una determinada forma de tratamiento, a fin de formar una red de apoyo interrelacionado. Estas redes han demostrado ser prometedoras para abordar el problema de las personas sin hogar en sí y las complejas necesidades de las personas que sufren este tipo de situaciones y consumen drogas. Las estrategias integradas pueden incluir la reducción de daños, el tratamiento, la educación, el empleo y los servicios de apoyo, el alojamiento de emergencia y temporal o las viviendas fijas y permanentes, todo ello operando como una red integrada.

Por ejemplo, después de logar un acceso seguro a la vivienda, los clientes reciben apoyo adicional en función de sus necesidades individuales, sin tener que buscar apoyo de los propios proveedores de servicios. En estas redes, la respuesta al consumo de drogas de alto riesgo es integrada y estratégica. Varios Estados miembros de la UE han abogado por este enfoque y algunos servicios de Housing First ofrecen ejemplos de servicios integrados. El modelo de tratamiento comunitario asertivo es otro enfoque de este tipo, aunque es raro en Europa y no existen pruebas de su eficacia. Este modelo se desarrolló originalmente para pacientes con enfermedades mentales graves. Presta servicios de atención comunitarios, multidisciplinarios, personalizados, de alta intensidad, globales e integrados.

Resumen de las pruebas relativas a las intervenciones para personas sin hogar

Declaración Pruebas
Efecto Calidad

Vivienda de apoyo permanente para mejorar la estabilidad de la vivienda de las personas sin hogar

Beneficioso

Moderada

Tratamiento con agonistas opioides (TAO) para reducir la mortalidad, la morbilidad y el consumo de sustancias en personas sin hogar y alojadas en lugares vulnerables

Beneficioso

Baja

Salas de venopunción para reducir los daños y la mortalidad de las personas sin hogar y las personas que viven en hogares vulnerables

Poco claro

Muy baja

Clave del efecto de las pruebas:
Beneficioso: Pruebas de la existencia de beneficios en la dirección prevista. Poco claro: No está claro si la intervención produce el beneficio deseado. Posibles daños: Pruebas de posibles daños o pruebas de que la intervención tiene el efecto contrario al previsto (por ejemplo, aumenta el consumo de drogas, en vez de disminuirse).

Clave para la calidad de las pruebas:
Alta: Podemos tener un alto nivel de confianza en las pruebas disponibles. Moderada: Tenemos una confianza razonable en las pruebas disponibles. Baja: Tenemos una confianza limitada en las pruebas disponibles. Muy baja: Los datos disponibles son insuficientes en la actualidad y, por tanto, existe una incertidumbre considerable sobre si la intervención producirá el resultado deseado.

Perspectiva europea: disponibilidad de intervenciones para las personas sin hogar

Antes de la pandemia de COVID-19, se estimaba que cada noche más de 700 000 personas se enfrentaban a una situación de carencia de hogar en Europa. Los grupos incluidos en este recuento son aquellos que duermen en la calle o que viven en alojamientos de emergencia o temporales. Esto representa un aumento del 70 % en la última década, probablemente debido al aumento de los costes de la vivienda y a la reducción de la financiación de programas y prestaciones sociales. Esta estimación no incluye a las personas que experimentan lo que se ha denominado «situación de carencia de hogar oculta», como las personas que utilizan modalidades de vida informal con amigos y familiares o que viven fuera de la sociedad formal en asentamientos no regulados (por ejemplo, viviendas abandonadas, caravanas o tiendas de campaña).

La naturaleza de las personas sin hogar varía en toda Europa, ya que las actitudes culturales, el estigma y la diversidad de la prestación de servicios pueden alterar lo que significa vivir sin hogar y a qué servicios se puede acceder. En algunos países, las personas sin hogar, incluidas las que tienen necesidades complejas, pueden depender mucho más de la familia, los amigos, los conocidos o vivir fuera de la sociedad formal en asentamientos no regulados porque existen menos servicios. En algunas ciudades europeas, los servicios para personas sin hogar no se extienden más allá de un refugio básico de emergencia que ofrece alimentos y una cama. Si los servicios de adicción están disponibles para personas sin hogar en estas situaciones, suelen tratarse de los servicios disponibles para la población general y no están diseñados específicamente para las personas que padecen una situación de carencia de hogar. En otros países, existen servicios relativamente amplios para las personas sin hogar, como una vivienda estable, algunos de los cuales están dirigidos específicamente a las personas que padecen una situación de carencia de hogar y consumen drogas.

En los casos en que existen servicios para personas sin hogar, el sector y los servicios que ofrece varían considerablemente, pero tienden a estar organizados a nivel subnacional y suelen estar gestionados por organizaciones de la sociedad civil. Eso significa que, a menudo, los datos no se recogen ni analizan a nivel nacional. En consecuencia, no existe una imagen clara y completa de la prestación de servicios para las personas sin hogar en general, y a los consumidores de drogas en particular, en la UE ni en cada uno de los Estados miembros. Cuando el uso de servicios de tratamiento relacionados con las drogas por parte de personas que sufren inestabilidad en su vivienda se recoge a nivel nacional, las diferencias en la definición dificultan la comparación de la cobertura.

Marcos de las políticas

A nivel de la UE, en junio de 2021 se adoptó la Declaración de Lisboa relativa a la Plataforma Europea para Combatir el Sinhogarismo. En consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, la declaración reafirma el trabajo de la UE para poner fin a la situación de carencia de hogar en 2030. Prevé la puesta en marcha de una plataforma europea de lucha contra la situación de carencia de hogar para ayudar a los Estados miembros y a los proveedores de servicios a compartir buenas prácticas y a identificar metodología eficientes e innovadoras, incluida la promoción del acceso a una vivienda asequible para todos.

A nivel de los Estados miembros, las personas sin hogar y el consumo de drogas figuran en los planes de acción de las políticas nacionales sobre drogas de varios países europeos, los cuales suelen identifican a las personas que se encuentran en estas circunstancias como un grupo especialmente vulnerable. Algunos países incluyen la prestación de servicios específicos para personas sin hogar en sus marcos de políticas nacionales, como la vivienda y los servicios de reducción de daños, ya sea en forma de intervenciones independientes o programas integrados. Otros responden a las necesidades de este grupo utilizando los servicios sociales, sanitarios y de adicción convencionales.

Alojamiento subvencionado

En noviembre de 2020, el Parlamento Europeo instó a los Estados miembros a adoptar los principios de Housing First, basados en el concepto de que la vivienda es un derecho humano fundamental. En algunos países europeos, el apoyo a la vivienda forma parte de una respuesta interinstitucional integrada ante la situación de carencia de hogar recurrente y a largo plazo, una población que se caracteriza por una elevada prevalencia del consumo de drogas de alto riesgo. En Finlandia, la estrategia integrada sobre el fenómeno de las personas sin hogar refleja una metodología de Housing First ampliamente definido que utiliza una serie de servicios para dar prioridad a la provisión rápida de vivienda junto con el apoyo a las necesidades específicas. Por lo tanto, funciona como un tipo de servicio integrado. Esta medida ha tenido cierto éxito a la hora de reducir la inseguridad en materia de vivienda entre las personas sin hogar de larga duración.

En otros países europeos, se presta apoyo en materia de vivienda a las personas que consumen drogas y acaban de finalizar el tratamiento. La vivienda se proporciona para apoyar la reintegración en la sociedad y prevenir las recaídas y la situación de carencia de hogar. Un proyecto en Croacia comprende intervenciones para incluir a las personas que consumen drogas en la vida de la comunidad cuando han completado su tratamiento en un centro sanitario, o en una comunidad terapéutica, o al término de su condena penitenciaria. El proyecto ofrece ayuda en materia de vivienda o alojamiento organizado y apoyo psicosocial, reciclaje profesional y empleo. Otro ejemplo es el de CRESCER en Portugal, una organización que ha puesto en marcha tres empresas sociales como respuestas de empleabilidad para las personas sin hogar. Ha abierto tres restaurantes cuyos empleados son personas sin hogar y reciben formación en el lugar de trabajo en varios servicios de hostelería.

Servicios de bajo umbral y específicos

Las personas sin hogar que consumen drogas suelen constituir una gran parte de los usuarios de los servicios de tratamiento de drogodependencias y reducción de daños de bajo umbral en toda Europa. Algunos de estos servicios se dirigen explícitamente a este grupo o incluyen características específicas dirigidas a ellos (p. ej. duchas y refugios en relación con las salas de venopunción), mientras que otros son servicios amplios para las personas que consumen drogas. Por ejemplo, en Lieja (Bélgica) y París (Francia) se ha informado de que la mayoría de los usuarios de los servicios de las salas de venopunción no tienen hogar, viven en viviendas deficientes o carecen de un domicilio fijo.

Si bien la prestación de servicios para subgrupos específicos de personas sin hogar y que consumen drogas, como jóvenes, mujeres y migrantes, no parece estar generalizada, existen excepciones en algunos países. En Francia, el programa Travail alternatif payé à la journée (TAPAJ) promueve la inclusión social de los jóvenes de la calle que tienen dificultades para encontrar empleo, algunos de los cuales consumen sustancias psicoactivas. El programa fomenta la continuidad de las intervenciones sanitarias, sociales y en materia de vivienda para los jóvenes vulnerables que experimentan situaciones de vida muy inestables. En 2019 se puso en marcha un programa similar en Irlanda, denominado UBU Your Place Your Space. Este programa está dirigido a jóvenes de 10 a 21 años de zonas caracterizadas por un consumo de drogas de alto riesgo, desempleo y personas sin hogar. La prevención y la reducción del consumo de drogas es un objetivo específico del programa.

Metzinees, una cooperativa sin ánimo de lucro centrada en la reducción de daños, los derechos humanos y la integración de la perspectiva de género, ha puesto en marcha en Cataluña (España) servicios de reducción de daños para las personas sin hogar que responde a las cuestiones de género. Metzinees proporciona un entorno de refugio seguro y respuestas de reducción de daños para las mujeres y las personas no binarias que consumen drogas.

La COVID-19 y la carencia de hogar

La COVID-19 ha afectado de manera desproporcionada a grupos ya vulnerables y marginados de personas que consumen drogas, incluidas las personas sin hogar (véase Spotlight on… Health and social responses to drug problems during the COVID-19 pandemic). Los riesgos sanitarios interrelacionados y las elevadas tasas de trastornos físicos y mentales a los que se enfrentan las personas sin hogar, sobre todo las que viven en esta situación a largo plazo y de forma recurrente, las exponen a un mayor riesgo de sufrir graves consecuencias negativas del virus. Como consecuencia de la COVID-19 y las directrices relativas a la pandemia y las medidas de confinamiento, muchos programas para personas sin hogar han tenido que adaptar sus servicios. Los servicios en que las personas se congregan o que son comunitarios, como los albergues para personas sin hogar en que se comparte espacio para dormir y vivir, se han visto afectados.

La COVID-19 ha planteado importantes cuestiones sobre cómo funcionarán en el futuro los servicios fijos para personas sin hogar, tanto en lo que se refiere a la provisión de alojamiento de emergencia y temporal como al acceso a servicios relacionados con el tratamiento de la drogodependencia. Si bien la COVID-19 expuso numerosas vulnerabilidades en la prestación de servicios sanitarios y sociales, en varios países europeos la respuesta a la pandemia dio lugar a algunos avances positivos. En algunos países, se ha mejorado el acceso a la vivienda para las personas sin hogar, se ha ampliado el acceso a las medidas de reducción de daños y se han atenuado algunas restricciones, como las relativas a la medicación del TAO en el domicilio.

En Irlanda, el abandono de los enfoques basados en la abstinencia para reducir los daños en el marco de «Housing First» ha demostrado ser prometedor en cuanto a la contención de la transmisión de la COVID-19 y la reducción de la mortalidad por el virus entre las personas sin hogar. Se realizaron dos cambios fundamentales en la prestación de servicios de TAO. En primer lugar, se publicaron directrices nacionales de contingencia que permitían reducir los tiempos de espera y eliminar los límites máximos en la captación para programas del TAO en las dos clínicas que suministraban tratamiento a personas sin hogar. Eso permitió que los tiempos de espera se redujeran de varios meses a tan solo unos pocos días. En segundo lugar, se mejoró el acceso al TAO ampliando la prestación de servicios a otras clínicas y permitiendo la entrega de medicamentos del TAO en la vivienda de los clientes. En cuanto a la vivienda, se facilitó alojamiento a las personas sin hogar para que pudieran aislarse los casos sospechosos y positivos, incluidos los considerados vulnerables debido a la edad o a problemas médicos preexistentes.

El alojamiento para personas sin hogar también se ha ampliado en muchos otros países europeos. En Grecia, se crearon los denominados «albergues pandémicos» en Salónica y Atenas. Aunque algunos de los alojamientos de emergencia proporcionados durante la pandemia de COVID-19 fueron temporales, varias salas se han convertido en instalaciones permanentes como respuesta a la falta de vivienda.

Implicaciones para las prácticas y las políticas

Elementos básicos

  • El consumo de drogas de alto riesgo entre las personas sin hogar se concentra especialmente en las personas sin hogar a largo plazo y de forma recurrente. También son frecuentes entre estos grupos las enfermedades mentales graves y los trastornos psiquiátricos.
  • Se necesitan respuestas específicas para las personas sin hogar y que consumen drogas, las cuales a menudo se enfrentan a importantes obstáculos para acceder a la atención sanitaria, la reducción de daños y el tratamiento de la drogodependencia.
  • Por lo general, utilizan programas para otros grupos de personas que consumen drogas, en particular servicios de bajo umbral, en los que este grupo puede comprender una gran parte de todos los consumidores de servicios.
  • La provisión de vivienda estable, la reducción de daños y servicios integrados son fundamentales para los principios rectores de muchas organizaciones que trabajan con personas sin hogar.

Oportunidades

  • El alojamiento asistido y las medidas de reducción de daños han demostrado ser prometedoras para reducir los daños a los que se enfrentan las personas sin hogar que consumen drogas.
  • Para satisfacer las necesidades específicas de este grupo, parece necesario disponer de una serie de servicios de apoyo coproducidos y adaptados de manera flexible, en el marco de estrategias integradas para abordar el problema de las personas sin hogar, el consumo de drogas y los problemas de salud física y mental.
  • Los equipos de respuesta rápida pueden identificar y apoyar a las personas sin hogar antes de que su situación se deteriore aún más.
  • Las personas que consumen drogas a las que se ofrece un alojamiento estable pueden beneficiarse de un apoyo continuo y de ayuda práctica en relación con sus problemas de consumo de sustancias.
  • Con la mejora de las condiciones de vida, la coordinación asistencial y la continuidad de la atención, la respuesta puede cambiar a enfermedades tratables, como la infección por el VIH y el virus de la hepatitis C, el trastorno por consumo de sustancias, las enfermedades mentales y la tuberculosis.

Déficit

  • Los datos sobre el alcance y la naturaleza de la prestación de servicios para las personas sin hogar y que consumen drogas son limitados. Resulta necesario mejorar la investigación y el seguimiento en este ámbito.
  • Se necesitan más estudios para comprender las barreras de acceso a los servicios (incluidos los servicios de tratamiento de drogodependencias y vivienda) para esta población vulnerable.
  • Se desconocen los factores de riesgo asociados a la repetición de ciclos de situación de carencia de hogar y las medidas que pueden ponerse en marcha para mitigarlos.
  • Resulta necesario abordar la falta de servicios específicos de género, en particular intervenciones para mujeres sin hogar y que padecen violencia de género.
  • Resulta necesario seguir investigando sobre los jóvenes, los migrantes y los refugiados, incluidos los retos singulares a los que pueden enfrentarse durante la situación de carencia de hogar y los servicios que mejor se adaptan a sus necesidades.

Otros recursos

EMCDDA

Otras fuentes

Acerca de esta miniguía

Esta miniguía ofrece una visión general de lo que se debe tener en cuenta a la hora de planificar o proporcionar respuestas sanitarias y sociales a las personas sin hogar y que consumen drogas, y examina las intervenciones disponibles y su eficacia. También tiene en cuenta las implicaciones para las prácticas y las políticas. Esta miniguía forma parte de un conjunto más amplio que, combinado, constituye las Respuestas sanitarias y sociales a los problemas relacionados con las drogas: una guía europea.

Citación recomendada: Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (2022), Personas sin hogar y drogas: respuestas sanitarias y sociales, https://www.emcdda.europa.eu/publications/mini-guides/homelessness-and-d....

 

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